viernes, 11 de diciembre de 2009

Puig se pone los ruleros...

"Cae la noche Tropical"
de Manuel Puig
Editorial Seix Barral

Dos hermanas, una de ella visitando a la otra que hace poco se ha instalado en  Río, evocan su pasado y hablan incesantemente. Y en esos diálogos coloquiales,  de entrecasa, con los tìpicos clishés y manierismos propios del chisme, nos vamos enterando qué es de la vida de los otros personajes.
Ellas aman la elucubración sobre vidas ajenas, el placer de conversar y el de inmiscuirse -aunque más no sea desde el pensamiento- en la vida de los demás, sobre todo, en los amores de una vecina más joven, Silvia,  psicóloga y con problemas del corazón.

Los diálogos entre estas dos hermanas, Luci y Nidia,  son el vehículo ideal para que Puig saque provecho y pinte la época de principios de los '80 en Rio, la exhuberancia de una ciudad ajena, las diferencias con nuestro país, el hecho de vivir en el exterior aunque fuese un destino elegido.
Y habla a través de estos adorables personajes: del amor, del desamor, de la juventud perdida, de la tierra de uno, del desarraigo... pero principalmente de la soledad y de la cercanía del fin de sus vidas.
Y se da el lujo de que estas dos tiernas ancianas hablen de política, de la inflación, de la realidad cultural y social, filtrada por la lente de la típica clase media.

No solamente la novela se nutre de estos diálogos -aunque son lo más sustancioso- sino que también abreva en otros estilos como correspondencias, informes, declaraciones policiales. Es tal como Puig ya nos tiene acostumbrados:  nos pasea por diferentes registros dentro de una misma novela, tal como lo hiciera por ejemplo en "The Buenos Aires Affaire" y sus magistrales conversaciones telefónicas -donde el lector podía leer solamente lo que pasaba en uno de los dos lados del teléfono-.

En esta novela, la última de Manuel Puig,  nos brinda una galería de personajes queribles, absolutamente cotidianos, cuyas historias parecen extraídas por momentos de algún culebrón venezolano recuperando un humor deliciosamente kitsch y la parodia aplicado a la estructura folletinesca dentro de la novela. Logra hacernos cómplices de estas confesiones entre las hermanas, nos acerca a su imaginario, a sus pensamientos y a su universo particular.

Como novela de despedida, obviamente, uno se queda con muchísimas ganas de más...

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